por Santiago Bustamante G.

No es raro pero tampoco usual que un escritor, a lo largo del uso de su oficio, reflexione sobre el instrumento principal del que se vale: el lenguaje. La preocupación por dar un buen uso del mismo no es nueva…

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LPDM PortadaNo es raro pero tampoco usual que un escritor, a lo largo del uso de su oficio, reflexione sobre el instrumento principal del que se vale: el lenguaje. La preocupación por dar un buen uso del mismo no es nueva, ni siquiera tiene que ver con los inicios de la Ilustración, ni siquiera del Renacimiento aunque fuera entonces cuando se perfilaron los principios en que se establecieron los argumentos de los puristas, los que defienden el uso normativo del lenguaje sin fisuras, enfrentados a los relativistas, es decir, aquellos que piensan que puesto que el lenguaje cambia de continuo no es necesario preocuparse mucho por la norma, y muchos datan estas discusiones en nuestra tradición en los tiempos de Luciano de Samosata y Herodes Ático, gramáticos preocupados por la corrupción del idioma griego en los años de la Koiné, del idioma común, cuando el lenguaje que Alejandro ayudó a extenderse…

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